(Sin fines de lucro)

lunes, 19 de febrero de 2018

Por qué el mundo entra en pánico cuando se desploma Wall Street

Las principales bolsas, entre ellas la española, se vieron arrastradas por esta caída de Wall Street y cundió el pánico. Algo que es habitual cada vez que Wall Street se resiente o cae de forma brusca. 

Pero, al final, Wall Street siempre se recupera, deja al resto de las bolsas tiritando, y parece que no ha pasado nada. Para responder a esto, el Foro Económico Mundial entrevistó a José Ramón Iturriaga, gestor de fondos de inversión en Abante Asesores, ¿por qué el mundo entra en pánico cada vez que la bolsa de Nueva York se tambalea?.

En su opinión, una de las razones es que “la bolsa sólo es noticia cuando cae“, y otra es porque “no sabemos lo que hay detrás de las bolsas y, al final, lo que hay no es más que la evolución de los beneficios empresariales”. 

Según Iturriaga, transmitimos – una percepción de caos, de que algo horrible va a ocurrir en el mundo cuando cae Wall Street. “Esa es la percepción generalizada que tiene el público de la Bolsa, que viene muy mediatizada por estos grandes titulares donde abres cualquier web, o ves los telediarios y los periódicos salen con la caída de la Bolsa en portada. Y dices, ‘¡qué barbaridad!’, y por eso la gente tiene esa percepción. 

El experto en fondos de inversión añade que la bolsa sólo sube, más allá de que haya días o meses que caiga, “pero de forma estructural, la bolsa lo que ha hecho es subir” desde sus inicios. “El estado natural de las bolsas es estar en máximos, la bolsa normalmente lo que ha hecho históricamente es subir y si hace 100 años el Dow Jones salió valiendo 50, hoy vale 25.000. No hace más que subir. ¿Por qué? Porque los beneficios empresariales de las compañías no hacen más que crecer, porque los beneficios de las compañías reflejan el crecimiento de la economía mundial y el mundo tiene la sanísima costumbre de crecer; el mundo en los años malos crece un dos y en los años buenos crece un cuatro, pero siempre crece”.

Es verdad, puntualiza, “que hay economías dentro del mundo que no crecen, como los países emergentes que, a veces no crecen pero los desarrollados sí; o al revés, en estos años, las economías occidentales han estado en crisis y han sido las emergentes, con China a la cabeza, las que lo han hecho bien”. Es en este entorno de una economía mundial donde hay que situar lo que ocurre en los mercados bursátiles para no caer en el alarmismo. “Las grandes compañías lo que hacen es vender en el mundo; por ejemplo, Inditex, Gestamp o Santander, son grandes multinacionales que no dependen ya de una economía local. Eso es lo que no entendemos, que las bolsas no son una suerte de casino, no son un bingo; las bolsas, al final, son un mercado donde hay muchos participantes, que reflejan el valor de las cosas y que, al final, hay veces que el componente emocional que tienen los inversores a la hora de tomar decisiones se impone temporalmente; es decir, el mercado es eficiente casi todo el tiempo, pero hay ventanas en las que el mercado no es eficiente porque se deja llevar por las emociones”.

Iturriaga recuerda situaciones de alarma, entre las que cita el caso de Lehman Brothers, cuarto banco de inversión de Estados Unidos cuando quebró en 2008 con 680.000 millones de dólares en activos, y cuya quiebra, la mayor en la historia de Estados Unidos, se asocia a la crisis financiera mundial que estalló ese mismo año.

“Fue un gran episodio en el que nos volvimos todos locos y parecía que el mundo, no ya el sistema financiero, el mundo tal y como lo conocíamos, iba a desaparecer, parecía que esto acababa como Mad Max, desaparecían los bancos….y como el marketing del miedo es muy potente, y más en el sistema financiero, ahí los agoreros camparon a sus anchas. Llevamos muchos años donde los pesimistas, los discípulos del Apocalipsis llevan imponiendo su doctrina o, por lo menos, teniendo mucho predicamento estos últimos años”.

También explica Iturriaga que no siempre nos hemos movido en el terreno del pánico. De hecho, en los años 2006 y 2007 primaba la euforia. “En España, en el 2007 estábamos en euforia y la bolsa en 16.000 puntos y cada día era un nuevo máximo, y las valoraciones no tenían demasiado sentido por arriba, y ahora estamos en el otro extremo”.

“Llevamos muchos años donde los pesimistas, los discípulos del Apocalipsis llevan imponiendo su doctrina”

Para quienes trabajan en este ámbito, para los que conocen las interioridades de los mercados financieros como Iturriaga, “ese componente emocional es lo que nos permite aprovechar las distorsiones en valoración”. En el caso de la última caída de Wall Street, que ha arrastrado al resto de las bolsas, “ha habido unas rebajas no se sabe bien por qué” pero de carácter “más técnico”. “No es que esté quebrando ningún banco, no ha habido un repunte de volatilidad y eso ha hecho que mucha gente, sobre todo en renta variable, haya tenido que vender, esta es la explicación técnica; además, no se han contagiado otros mercados como la renta fija, como el crédito, esto se ha quedado limitado a la bolsas, pero es cierto que ha caído”.
Gentileza: La Agenda semanal del Foro Económico Mundial.

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