(Sin fines de lucro)

jueves, 19 de julio de 2018

Brasil tuvo su mayor caída económica de 3,34% en 15 años

La economía brasileña tuvo su mayor caída en 15 años, un 3,34% en mayo, el peor indicador desde que el Banco Central comenzó a medir el nivel de actividad, en 2003.

El Boletín Focus de la institución, realizado en base a los cálculos de las principales consultoras privadas, considera que los datos de junio pueden señalar una mejora. Pero las estimaciones de crecimiento para este año son sensiblemente inferiores a las previstas en un principio.

La expansión sería de tan solo 1,6% y no el 3% calculado previamente.
Como una consecuencia inmediata de una perspectiva tan poco estimulante, aumentó el escepticismo: calculado por la Fundación Getulio Vargas, el Índice de Confianza empresarial (ICE) retrocedió 1,9 puntos en junio respecto de mayo. “Esto profundiza una tendencia esbozada en abril y mayo.

Parte del aumento del desánimo en junio tuvo que ver con la huelga de camioneros de finales de mayo. Pero esto se sumó a otros factores que también pesaron en la cautela.
 
Estos son el ritmo lento de recuperación económica, la falta de credibilidad en la política que realiza el gobierno (de Michel Temer) en este terreno y la incertidumbre política”, sostuvo el informe de esa entidad.

El interrogante que las consultoras especializadas se plantean ahora es cómo habrá de influir esto en las decisiones de inversión e inclusive de consumo.

Hay algo que queda claro para todas: la inseguridad que genera el panorama electoral, a tan solo 83 días de las elecciones presidenciales del 7 de octubre próximo. Como advierten los técnicos, a estos debe sumarse el empeoramiento de las condiciones financieras que dificultan todo proyecto inversor.

Los índices que surgen sobre la producción industrial, el comercio minorista y de autos revelan el pesimismo dominante: las plantas manufactureras vendieron 10,9% menos de los bienes que elaboran.

Los servicios, que representan un segmento clave de la economía, retrocedieron 3,8% y la construcción, automóviles y autopiezas, se derrumbó 4,9%. Todo esto revela un final de año, y de gobierno de Temer, nada promisorio.

Es que, según los economistas, para impedir que la derribada económica de mayo se transforme en un lastre permanente, sería preciso que en el trimestre julio-agosto-setiembre se produzca una recuperación de nada menos que de 6,6%.
 
Nadie apuesta en esa dirección. "Para el resto del año sobran las incertidumbres en cuanto al ritmo de la actividad económica", admitió el Banco Central a través de su boletín Focus.

Cualquiera sea la figura electa para comandar los destinos de Brasil en el próximo cuatrienio, la herencia de la fragilidad económica deberá teñir el primer año de gobierno y, quien sabe, también el segundo.

Por empezar, el desempleo en Brasil es récord: son 13,2 millones de trabajadores en condiciones laborales que no consiguen engancharse.

Ayer a la madrugada, en el Valle de Anhangabaú, en pleno centro de la capital paulista, una multitud se aglomeró en las inmediaciones del sindicato de empleados de comercio.

La entidad había ofrecido 1.800 puestos, en un acuerdo con las empresas del sector. Pero el volumen de interesados sobrepasó lo esperado. Ahora tratarán de buscar otros 500 empleos. Para el sindicato, fue una “sorpresa”. Había gente que había comenzado a formar fila desde la noche del domingo.