(Sin fines de lucro)

lunes, 19 de noviembre de 2018

EE.UU y China encabezan la nueva revolución industrial

La economía mundial creció 5% anual en los últimos dos años medida en capacidad de compra doméstica (PPP), porque más de 80% del auge global es obra de los países emergentes.
De ahí que esté exhausta la capacidad de producción no utilizada del mundo avanzado (+20% en EE.UU. entre 2010 y 2016), que fue el legado de los 6 años de estancamiento depresivo que se experimentaron a partir de 2009.

El resultado ha sido que el PBI de los países avanzados se expande por encima de la capacidad de crecimiento potencial en los últimos dos años (era 1,5% anual en 2016). EE.UU. crece ahora 2,5 puntos porcentuales por encima del promedio de expansión 2009/2016. Lo hace con un alza de la inversión fija de 6,3% anual, acompañada por un gasto en bienes de capital que ha crecido 8,9% en igual periodo (Goldman Sachs).

La causa fundamental del crecimiento de la economía mundial es la virtual desaparición del superávit de cuenta corriente en China (era 9,9% del PBI en 2007 y ahora asciende a 1,1% del producto, y se tornaría negativo a fin de año).

Las importaciones aumentan en una proporción 3 a 1 respecto a las exportaciones (+17,2% anual en el 1er trimestre), en tanto el déficit de cuenta corriente del sector servicios (-USD 265.000 millones en 2017) se duplicaría en 2019.

Se debe al auge extraordinario del turismo chino en el exterior (fueron 135 millones en 2017, y gastaron por viaje y por cabeza USD 8.700).

De ahí que el consumo fuera 77,8% del crecimiento en 2018 (+6,7% anual), y era solo 57,2% el año pasado. China experimenta un boom de consumo de magnitud global (+US$6.9 billones), protagonizado por la nueva clase media de 440 millones de personas con ingresos comparables a los de EE.UU..

También se ha recuperado notablemente el comercio internacional en los últimos 24 meses (+4% anual en 2017 y +3,9% en 2018), con un punto de partida de 2.5% en 2016.

El auge del intercambio global ocurre por un doble fenómeno: crece por encima de los niveles negativos alcanzados entre 2010 y 2016; y lo hace retomando la tendencia posterior a 1991, en que crecía el doble/triple por encima del producto.

Se ha producido en este periodo una internalización del comercio internacional. Tanto China como EE.UU. han incorporado al mercado doméstico segmentos cada vez mayores de la producción transnacional, en la que transcurre más de 80% del intercambio global.

La consecuencia ha sido que a medida que la economía china crece, disminuye en forma más que proporcional su comercio internacional; y lo mismo sucede en EE.UU. (+5% anual en el segundo y tercer trimestre del año), tras haber recibido un verdadero aluvión de inversiones del mundo entero (USD11.4 billones en 2017/2018).

El comercio internacional duplicaría — y hasta triplicaría—el aumento del PBI global en los próximos 10 años. Pero esta vez los principales protagonistas no serían las cadenas globales de producción con sus 88.000 compañías transnacionales, sino cientos de miles de pequeñas y medianas empresas que utilizan las plataformas de Internet para vender al mundo. El e-commerce es ya 15% del intercambio global y treparía a 20% en 2 años.

En este momento más de 80% del PBI global crece por encima de su capacidad potencial de largo plazo. Se trata de una expansión coordinada, endógena, que abarca tanto a los países avanzados como a los emergentes, y cuyo significado es secular, no cíclico.

Esta expansión excepcional de la economía mundial se sustenta en una recuperación de la productividad que ha alcanzado a +1,5% en los primeros 6 meses de 2018, encabezada por la de EE.UU. que ha crecido 2,9% anual en ese periodo.

Ha emergido en gran escala una nueva revolución industrial, que es sinónimo de informatización completa de la manufactura y los servicios, y su conversión en una estructura digital. Esta es la cuarta revolución industrial en la historia del capitalismo.

Lo propio de ella es que se realiza a través de las plataformas globales de Internet, que en este momento son siete (5 de EE.UU. y 2 chinas), y cuyo acceso a ellas se logra a través de los equipos de Internet móvil o smartphones, que se caracterizan por experimentar costos que se hunden y tienden a la gratuidad.

Es un fenómeno de alcance global, que convierte a la creación de nuevas empresas, y especialmente al surgimiento de las startups de alta tecnología, en un fenómeno de masas sin antecedentes por su magnitud en la historia del sistema. A diferencia de las otras tres revoluciones industriales previas, la cuarta es un proceso intensamente popular y no elitista.

EE.UU. y China encabezan la nueva revolución industrial, y el primero ha retomado el liderazgo mundial en los últimos 2 años debido al boom económico desatado por el recorte de impuestos y la desregulación generalizada decididos por el gobierno de Donald Trump.

Más de 60% de las inversiones estadounidenses se realizan en “capital intangible” (reorganización empresaria, sobre todo a través de las M&A, y mejora sistemática del “capital humano”), no en capital fijo o hundido. Esto implica que el boom de inversiones que hay en EE.UU. desata en una escala histórica superior la nueva revolución industrial.

Más de 60% del total de la fuerza de trabajo norteamericana tendrá grado universitario o terciario en 2020. Aun así, son ya más de 4 millones los puestos de trabajo ofrecidos al mercado por la industria manufacturera que no son ocupados por carecer hoy de trabajadores suficientemente calificados para hacerlo.

Si EE.UU. despliega todo el potencial de la nueva revolución industrial, crecería un adicional de USD 8.4 billones en 2035, a partir de los niveles actuales de USD 20.4 billones, 25% del producto global (Accenture). El PBI de EE.UU. ascendería a USD32.2 billones en 17 años, y representaría entonces más de 40% del producto mundial.

Este cambio histórico formidable aumenta a niveles récord el riesgo en la economía mundial, lo que refleja con exactitud la profunda transformación —destrucción creadora — que está experimentando en este momento, cuando se quiebra el statu quo en todas partes y al mismo tiempo.

Estos son los grandes trazos que ofrece la economía global en 2018, cuando tiene lugar en Buenos Aires la reunión del Grupo de los 20 (G20), la plataforma de gobierno.