(Sin fines de lucro)

domingo, 15 de septiembre de 2019

Paulo Guedes, ministro de Economía de Brasil: "Lamentamos la desaceleración en Argentina pero vamos a seguir comprometidos con la globalización"

RÍO DE JANEIRO (Enviada especial).-Fue, literalmente, una conversación a calzón quitado. El ministro de Economía Paulo Guedes se explayó, cuanto quiso y como quiso, sobre todos los temas que le planteó un grupo de corresponsales extranjeros, entre ellos Infobae (el único medio argentino en la reunión). Habló de su visión de la economía mundial hoy, de sus planes de privatización de empresas públicas y de reformas del Estado; pero también de las relaciones internacionales; de los vínculos con Argentina; de por qué no despega la economía brasileña. Y finalmente, hizo una larguísima exposición sobre los incendios del Amazonas, su impacto político y la soberanía brasileña sobre esa grandiosa floresta tropical. No faltaron las frases polémicas, las repreguntas y las bromas. Y cuánto más avanzaba la entrevista, más se entusiasmaba el ministro; con réplicas donde mezcló el inglés con el portugués.


Dijo que el mundo de hoy vive una "colisión" entre dos áreas que habían intentado acoplarse (los países asiáticos, los ex socialistas y Occidente). En su visión, eso estaría en el centro de las actuales volatilidades. Y criticó a los proyectos económicos de Argentina y Brasil que, en pleno auge de la globalización "se mantuvieron cerrados". Y recordó que, en ese período, el producto bruto mundial crecía por encima del 5%. Cuestionó, además, el "wealthfare state" socialdemócrata que domina Europa y que obliga a que "un padre tenga que explicar a su hijo que está sin empleo por culpa del exceso de los derechos sociales, creados por la socialdemocracia". Sostuvo también que, en este mundo de colisiones, Brasil no piensa enemistarse con nadie: "Vamos a bailar con todos: argentinos, europeos, chinos y norteamericanos".


Luego comparó la economía brasileña con "una ballena fuerte, poderosas. Pero bastan dos o tres arponazos para que colapse". Sobre la democracia en Brasil, sostuvo que "ahora es mucho más amplia que antes. Hasta el año pasado solo estaban los socialdemócratas de centro y de izquierda. Ahora está también la coalición conservadora-liberal (del gobierno de Bolsonaro)". Con relación al Mercosur, y en consecuencia a la Argentina, Guedes fue categórico: "Si el próximo presidente argentino quiere un Mercosur abierto, estaremos juntos. Pero si quiere utilizar el Mercosur para permanecer cerrados como en los últimos 30 años, nosotros no queremos eso".


A seguir, la entrevista:



–Nos gustaría saber, ministro, cómo la volatilidad de la economía mundial afecta a Brasil; pero también cómo influye la crisis de Argentina y cómo piensan mitigar ese impacto.


–Muy buena pregunta. La economía mundial sufre la colisión de dos mundos, que fueron muy cooperativos durante 30 años, con un aumento muy rápido del comercio global. Esos dos mundos se aproximaron e intentaron acoplarse económicamente; fusionarse. Pero ahora, ese intento de fusión se tornó una colisión. Ahora, durante ese período de convergencia, cuando hubo un gran incremento del comercio global, las economías de Brasil y Argentina, del Mercosur, se mantuvieron cerradas. Entre 2005 y 2007, el mundo creció en forma sincronizada como no ocurría desde el fin de la Segunda Guerra. Y esto hasta 2008 cuando sobrevino el "crash" de la Bolsa en Nueva York. Hasta entonces, estaban de un lado los 3,7 millones de "euroasiáticos", víctimas del socialismo que se habían vuelto miserables, después de crecer. Las víctimas eran China, Rusia, el sudeste asiático, mas India, Pakistán e Indonesia. Y luego comenzaron a entrar en la globalización. Comenzaron a salir de la miseria, como aquellos 600 millones de chinos que dejaron el campo y fueron a las grandes ciudades. Comenzaron a integrarse a las cadenas globales de producción. Rusia mejoró su economía, las naciones del Este de Europa reconstruyeron sus economías y los chinos salieron de la pobreza. Los ingresos per cápita crecieron en forma singular en esas naciones. Y en Occidente, las grandes economías crecían. Pero ese acoplamiento se transformó en una colisión; la absorción de 1,6 mil millones de chinos; de 1,5 mil millones de indios; de centenas de millones de paquistaníes y de indonesios, es demasiada gente la que ingresó en los mercados. Es más, ellos vinieron también con recursos financieros. Y Occidente comenzó a sentir la competencia de los antiguos socialistas. Inundaron los mercados occidentales con productos y servicios; además de los productos digitales, las manufacturas textiles, muebles franceses antiguos replicados en China. Es una competencia enorme. Y Occidente comenzó a padecer un enorme desasosiego.
En Europa usted nace con el "walfar state", con los beneficios sociales asegurados. Y ahora, el europeo tiene que explicar a su hijo que está desempleado por culpa de los derechos sociales. El ejemplo extremo fue Grecia. Pero todos los países europeos sufrieron por culpa de los excesos de la socialdemocracia. Y en el caso de Estados Unidos, es por cuenta de los excesos del mundo financiero. Un recién nacido norteamericano ya compra y vende papeles en la bolsa de valores. Un amigo me contó del caso de un médico que interrumpió la cirugía para ver cómo estaban las acciones de Google. Y esto porque un país pobre (China) financiaba los excesos de gastos de un país rico. Los chinos acumularon 2 billones de dólares en títulos norteamericanos, mientras éstos últimos se dedicaban a la especulación inmobiliaria. Hubo un exceso entonces de especulación financiera en EE.UU. y un exceso de derechos sociales heredados de la socialdemocracia en Europa. En cuanto eso pasaba, Japón, Corea y China, ganaron en productividad. Y allí sobrevino entonces el triunfo de Macron en Francia, de la victoria de la derecha en Hungría y en Italia, y Trump gana en Estados Unidos. Ahora, lo que se produce es "una desaceleración sincronizada". La globalización proficua en ganancia para todos, ahora se convirtió en pérdida para muchos. Y eso da lugar a las guerras comerciales. Hermanos siameses como China y Estados Unidos, que bailaron juntitos por 30 años, ahora comienzan a pelearse. Conclusión: lamentamos el ambiente de desaceleración en la Argentina como en el mundo, pero vamos a seguir comprometidos con la globalización y el comercio mundial. Queremos integrarnos a las cadenas productivas internacionales.



–Usted cómo explicaría las razones por las que Brasil no consigue crecer. ¿Cree que la crisis financiera argentina puede afectar, ahora, a la economía de su país?


–40 años atrás, Brasil era la economía que más crecía en el mundo. Por dos o tres décadas el crecimiento fue 7,4% (anual). Pero, de repente comenzamos a estatizar la economía brasileña. Se fundaron empresas estatales como Eletrobras, Petrobras, etc. En ese tiempo, Brasil continuó creciendo porque se hacía inversión en infraestructura: rutas, ferrocarriles, centrales hidroeléctricas. Pero esas herramientas de crecimiento, que sirvieron en un primer momento, de pronto dejaron de ser útiles. Y al concluir el gobierno militar habíamos desacelerado. Tendríamos que haber desarrollado áreas con nuevas tecnologías, pero en cambio seguimos apostando a las obras de infraestructura. Después de finalizado el régimen militar se siguió con la desaceleración. Puedo decir que nosotros hicimos nuestra "Glasnost" pero no hicimos nuestra Perestroika. Y ahora, todo el mundo nos pregunta donde está el crecimiento que prometimos, cuando éste desapareció en los últimos 4 años. En promedio, fue de apenas 0,6% en los últimos 8 años. El descontrol sobre gastos públicos corrompió la democracia brasileña y la estancó. Hubo, además, una serie de infortunios. Y el crecimiento desapareció.


–¿Cómo van a revertir esa tendencia?


–Nosotros vamos a reducir las tasas de interés y vamos a realizar inversiones. Quiero aclarar que, si bien critico la economía de los últimos 30 años, aplaudo fuerte la democracia de los últimos 30 años. La democracia en Brasil no está en peligro. Y en cuanto a aquellos que sugieren ese riesgo porque hubo una decisión de retirar libros de una exposición, dado que evaluaron como dañinos para los chicos, eso es propio del triunfo conservador. No es mi problema. Si ellos ganaron las elecciones y restringen los subsidios a filmes o libros que creen inadecuados, hay que respetarlos. Porque es dinero público y no quieren financiar esa literatura o ese cine. Los brasileños son más liberales que cualquier país europeo.


–Disculpe Ministro, pero la pregunta es cómo piensa recuperar la economía de su país.


–Miren, Brasil es como una ballena que se balancea y se hunde. Bastan tres arponazos. Creemos que, con nuevos tipos de impuestos, como aquél que podría gravar en 0,4% todas las transacciones de bienes y servicios; con la reducción de tributos negativos como aquellos incluidos dentro de los salarios; y, finalmente, con un serio control de los gastos públicos, habrá una recuperación económica. Y a eso hay que sumar un estricto control de gastos públicos, porque los socialdemócratas son gente linda, pero terminan mal. En Diputados me preguntaron y afirmé que nunca preví un crecimiento de 2,5% del PBI. Estamos abriendo la economía y ahora vamos a crecer, pero siempre supe que no sería ese número. Ahora, tal vez pueda alcanzar 1,5%. Siempre dije que quiero terminar con el déficit y vender todas las empresas del Estado. Yo hablé de la lógica de transgresión. Brasil es un transgresor. Nadie pregunta cuanto es el déficit de Alemania, de Estados Unidos. Pero todos quieren saber cual es el déficit de Argentina o de Brasil. Lo que podemos decir es que el déficit del primer semestre de 2019 es el menor de los últimos 5 años. Pero no sabemos cuánto demoraremos en crecer.


—Usted mencionó que el gobierno es resultado del triunfo de una alianza entre liberales y conservadores. ¿Cree que la coalición política de conservadores y liberales funciona?


–Sí, creo que está funcionando bien. Es precaria y hace ruido, pero estamos aprobando reformas. Aprobamos una reforma como la previsional y está aprobándose la modernización de las telecomunicaciones, banco central independiente, la reforma tributaria, ley de libertad económica. Está trabajando la coalición. Todavía es precaria y hay desarticulación. Hace mucho ruido, es cierto. Pero funciona. Toda información tiene dos componentes: señal y barullo. En un diario de hoy se dijo que el presidente Jair Bolsonaro no está de acuerdo con mantener la llamada "ley del techo de los gastos" (que solo permite indexar el presupuesto del año anterior por la inflación). Esto es mucho ruido: afirmo que el presidente está 100 por ciento conmigo. Y y pienso que el exceso de gastos públicos es responsable por corromper la democracia brasileña, por derribar el crecimiento y es responsable por dos hiperinflaciones, en 89 (5.000%) y 94 (2.500%). Causó la moratoria de la deuda externa brasileña (en los años 80) y creó crisis cambiarias recurrentes, que hoy nos obliga a cargar con 400.000 millones de dólares de reservas, porque de lo contrario todo el mundo se pone nervioso. Entonces, como ministro de economía estoy dispuesto a reforzar el techo. Y el presidente me dijo: "En eso estamos juntos". Es falso que el presidente quiere derribar el techo. Nosotros sabemos que nuestro primer año será muy difícil. Y el segundo año es más confortable: afloja la corbata, se saca el saco, es un poco más confortable. El tercer año viene el despegue y el cuarto volvamos. Este es nuestro plano de vuelo. En cuanto a las previsiones de crecimiento, hoy son de 0,8 a 1 por ciento. No sabemos a ciencia cierta, pero no queremos un vuelo de gallina. Pero la economía está creciendo.


–¿Cómo afectó la credibilidad del gobierno los incendios del Amazonas? Hubo un 263% más de alertas de desmonte de la selva y de incendios. Esto tiene un precio para Brasil. Como usted sabe, dos grandes empresas multinacionales cortaron las importaciones desde Brasil. El canciller Ernesto Araújo descalificó el problema climático mundial diciendo que es una conspiración marxista.


–Leí un excelente informe británico, en una revista científica, que dice que no sólo la atmósfera garantiza la vida en la Tierra, sino que la propia vida en la Tierra ayuda a diseñar una atmósfera mejor. Ya conversé con ingenieros que me dijeron que un cambio de un trigésimo de grado en el eje de la Tierra es más catastrófico para el medio ambiente que todo lo que podría hacer, en ese sentido, la humanidad. Y hay gente diciendo exactamente lo contrario. Thomas Robert Malthus, el economista británico, decía que durante la edad media la humanidad se mantuvo en el orden de los 200 millones de seres humanos. Y cuando pasaba esa cifra, la población sufría guerras, pestes y hambre, y volvía a caer. Fue de Malthus que Darwin tomó la hipótesis y desarrolló su teoría de la supervivencia de las especies. Son asuntos complejos con base científica precaria. Es obvio que, cuando uno mira una floresta, o la polución de un río, sabemos el daño que la especie humana puede hacer. Pero, por otro lado, existe el sentimiento de soberanía de un país que exige preguntarse: ¿Dónde está nuestra fuerza, donde está nuestro origen? ¿Por qué no exigen a China el comportamiento que le demandan a Brasil? De nuestro lado, puedo decir lo siguiente: nosotros respetamos el Acuerdo de París (sobre cambios climáticos); estamos en el acuerdo del Mercosur, combatimos la destrucción ilegal de la floresta; combatimos la extracción ilegal de minerales; el incendio ilegal de la selva. Pero somos un país con recursos escasos. Brasil no puede montar un muro como hace Estados Unidos con México, de unos pocos kilómetros (. Por Brasil pasan narcotraficantes pasando droga; lo atraviesan elefantes cargados de droga: son 23.000 kilómetros de fronteras y de ellas, más de 15.500 son terrestres; entran y salen madereras ilegales. Y no tenemos recursos para controlarlo. En las reuniones de ministros, escucho sus informes que dicen que la agroindustria brasileña es extremadamente productiva y preservadora del ambiente. Mucho más que en cualquiera de los países que nos critican. Entonces, todos debemos tener preocupación ambiental. Pero creo que existe una exacerbación política del asunto que da lugar a la reacción brasileña.


–¿No fue una reacción excesiva?


–Un ejemplo típico de esa exacerbación fue la fricción entre el presidente Jair Bolsonaro y el francés Emmanuel Macron. Y después yo, divertidamente, terminé entrando con un chiste de pésimo gusto, pero como todo brasileño puedo perder un amigo, pero no una broma. Y miren, entonces, entonces cómo terminó el problema del Amazonas por culpa, justamente, de esa radicalización: la prensa empezó a hablar del "joke" sobre la mujer de Macron, de que ella no era bonita. ¿Y cuándo ocurrió eso? Cuando Macron habló de formar una comisión internacional para fiscalizar el Amazonas.


–Pero Macron habló de un estatus internacional para el Amazonas, sostuvo uno de los periodistas de Alemania.


–Usted es alemán ¿no? Imagínese que se empieza a hablar de dar a la economía alemana un estatus internacional porque es la que más se benefició del Euro, que al montarse provocó una crisis muy grave en Irlanda, en España y en Grecia. Alemania entonces alcanzó el pleno empleo. Entonces ¿no cree que Alemania debería recibir hoy todos los inmigrantes que llegan a Europa? ¿No tendríamos que considerar un estatus internacional para Alemania?


–Pero esa no es la cuestión, replicó el corresponsal.


–Bien, estoy de acuerdo. La cuestión no es la broma sobre Macron ni tampoco el estatus internacional del Amazonas.


–Pero ¿por qué fue rechazado el fondo para el Amazonas? ¿Por qué no negocia más dinero del mundo?


–Porque se fue analizar ese fondo y se encontraron cosas extrañas sobre su aplicación. Ustedes hablan de incendios violentos; pero ¿no será que habían bajado mucho y por eso ahora pareció que subieron, frente a un año anterior donde casi no hubo incendios? Ustedes hablan de ayudar a Brasil, que tiene la energía más limpia del mundo. Pero por favor mírense un poco en el espejo. Ustedes (europeos) dicen que van a dejar de comprar productos brasileños por culpa de los incendios. ¡No ayudan con eso! Ustedes, cuando eran pobres, quemaron todas las florestas.


–Existe en el mundo un tesoro: el Amazonas, que debe ser preservado.


–Sí. Y nosotros, los brasileños, nos ocupamos de preservarlo. En cambio, ustedes no preservaron ningún bosque. Acabaron con sus florestas y con las especies biológicas que en ella se desarrollaban. Somos un pueblo que quiere conservar su selva. Pero ¿saben? En Brasil hubo una elección y triunfaron los conservadores que quieren preservar la soberanía nacional; que están preocupados con prácticas políticas que eran insalubres.

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