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martes, 29 de octubre de 2019

El reto de Alberto Fernández: gobernar una Argentina dividida

El próximo presidente del país sudamericano llega al poder con un discurso de reconciliación, pero los resultados electorales muestran que la sociedad está polarizada, según los especialistas.

El próximo presidente de Argentina, Alberto Fernández , tendrá ante sí un enorme reto para gobernar el país sudamericano, además de sortear la crisis la crisis económica. Este será enfrentarse a una sociedad altamente polarizada, entre el peronismo y quienes no comulgan con él.

Fernández, quien triunfó en fórmula con la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, llegó con un discurso de reconciliación, para tratar de saldar las divisiones de la sociedad argentina.

"Se terminaron el 'nosotros' y el 'ellos'", declaró Fernández el domingo poco antes de que los comicios confirmaran su victoria en la primera vuelta, con 48% de los votos. Fernández prometió dejar atrás la polarización y llamó a "trabajar todos juntos por un país mejor".

“La esperanza de cerrar la grieta o de reducir el enfrentamiento le va a ser muy difícil porque los resultados muestran una sociedad dividida, que con todo y el desempeño económico penoso que tuvo (Mauricio) Macri (...), todas las estadísticas oficiales muestran su mal desempeño, aún así, consiguió más votos en primera vuelta que en 2015”, indicó el politólogo argentino Andy Tow en entrevista con Expansión.

La "grieta", un término importado de la geología y que evoca un temblor y rotura definitiva, sale a relucir en las discusiones que enfrentan a peronistas y antiperonistas, progresistas y conservadores, neoliberales y estatistas.

"La grieta es como decir que 'si no estás conmigo sos mi enemigo'. Nos hace mal como hermanos", resumió a la agencia AFP María Teresa Iriarte, una enfermera jubilada de 75 años que vio pasar por el poder a la dictadura (1976-1983), el radicalismo -un gobierno socialdemocracia-, y el peronismo.

Aunque siempre existió a lo largo de la historia argentina, la "grieta" se consagró como tal durante el gobierno de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), ahora vicepresidenta electa.

Apoyada por multitudes, Kirchner también era detestada por numerosos sectores que le reprochaban sus políticas económicas, un estilo autoritario de gobernar y que la consideraron un símbolo de corrupción y un mal para el país.

“Tampoco Macri, con sus promesas de reconciliación en el 2015 pudo terminar con el enfrentamiento. Él encontró que la veta política era demonizar a la oposición, en decir que Cristina Fernández era el demonio”, señaló el politólogo.

Según el sociólogo Agustín Salvia, director del Observatorio de Deuda Social Argentina, se trata de una "construcción político-comunicacional, que no necesariamente representa las voluntades sociales".

Para Tow, una muestra de la grieta es el apoyo que aún tiene el actual presidente Macri entre las clases medias y altas, a pesar de que también han sido afectadas por la crisis económica vivida en los últimos tres años.

Salvia explicó a la agencia AFP que estas clases sociales "sienten que forman parte de un lado de la grieta", defienden políticas liberales y se autoperciben como los representantes de la república, mientras que del otro lado se encuentran los peronistas y progresistas que se centran en políticas más distributivas, entre otras.

"No está claro que uno sea la corrupción y el otro la anticorrupción. Tampoco es tan claro que el gobierno de Mauricio Macri haya sido estrictamente liberal y que el de Cristina luchaba por la justicia social", dijo el investigador de la Universidad de Buenos Aires.

“Esta batalla ideológica ha sido bastante fuerte, ha mostrado que la Argentina tiene una sociedad polarizada, una sociedad dividida en la cual una parte cree que la otra es el demonio”, resume el especialista.

Por ejemplo, quienes están con el presidente Macri, califican a los peronistas como comunistas, chavistas; mientras que del otro lado ven al gobierno del liberal como la dictadura y la represión.

Tow explica que esta reconciliación buscada por Fernández será clave para la recuperación económica, pues se necesita la confianza de los inversionistas para reactivar el mercado en Argentina.

“Para Fernández va a ser muy difícil esto porque el voto duro de Macri es la clase media y la clase alta, que es la gente que tiene recursos, puede alimentar el consumo, puede hacer alguna inversión y puede mover más la economía que los sectores pobres que se han refugiado en el peronismo tradicionalmente”, señaló.

Parte de la desconfianza que genera Fernández es su compañera de fórmula, pues hay sectores de la sociedad que perciben a la expresidenta Fernández de Kirchner como quien manejará realmente los hilos del gobierno argentino.

“Cristina Kirchner tiene muchas causas abiertas, algunas que irán a juicio oral. Fernández no puede hacer mucho al respecto porque implicaría intervenir con la justicia”, señala el experto.

Tow explica que Fernández enfrenta un “equilibrio complicado” en esta coalición, pues por un lado puede ser percibido por los peronistas como tibio en su apoyo a la líder si no defiende a Kirchner; mientras que la oposición lo puede acusar de apoyar a la corrupción si decide respaldar a su vicepresidenta.

El politólogo explica que la oposición, que será encabezada por el macrismo, tendrá dos opciones en este nuevo gobierno: "Puede ser una oposición más o menos responsable y de coalición, de búsqueda de consensos, o buscar ser una oposición irresponsable que acuse constantemente una situación de crimen institucional, que es lo que hizo durante el gobierno de Cristina Kirchner".

El especialista sostiene que será muy complicado acabar con esta situación, pues la sociedad argentina “está muy cómoda en el atrincheramiento”, pero para otro especialista la misma candidatura de Fernández es un camino hacia cerrar la grieta.

"Argentina está tratando de encontrar su centro. Ante esta crisis económica y el colapso del macrismo, bien podría haber sido electo presidente un Bolsonaro o un Maduro. Argentina, en esta unión del peronismo, conjuró ese peligro", advirtió a la agencia francesa el politólogo Pablo Touzon, coautor del libro La grieta desnuda.

Kirchner, quien mantenía un fuerte respaldo pero también una alta imagen negativa, sorprendió hace unos meses al desistir de su candidatura y elegir para encabezar la fórmula a Alberto Fernández, su exjefe de gabinete de quien se había distanciado en 2008 y se reconcilió.

En esta campaña, "los peronistas entendieron que con la grieta no solo no podían ganar las elecciones, sino que no podrían gobernar", analizó Touzon.

Con información de AFP

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