No culpes a las políticas favorables al mercado por el descontento en América Latina

Octubre fue un mes catastrófico para los defensores del libre mercado en América Latina. En Chile, la economía favorita en la región para los amantes del libre mercado, las protestas en contra de un alza al pasaje del metro de Santiago se convirtieron en disturbios; posteriormente, 1,2 millones de personas marcharon en contra de la desigualdad y los servicios públicos deficientes. Sebastián Piñera, el presidente, de centroderecha, removió a algunos ministros y prometió reformas.

En Argentina, los electores sacaron al presidente que estaba a favor de las empresas, Mauricio Macri, después de un solo mandato. En cambio, eligieron a Alberto Fernández, cuyo movimiento peronista se inclina más a tener un Estado potente que mercados vigorosos. Ambos países protestan contra gobiernos “neoliberales”, afirmaron políticos y analistas. Nicolás Maduro, el dictador socialista de Venezuela, felicitó en su cuenta de Twitter al “heroico pueblo argentino” y al “noble pueblo chileno”. En este tema, refleja el sentir de la mayor parte de la izquierda.

SUPOSICIONES EQUIVOCADAS

Su alegría está fuera de lugar, porque las suposiciones que la respaldan están equivocadas. A pesar de sus fallas, Chile es un caso de éxito. Su ingreso per cápita es el segundo más alto de Latinoamérica y cercano al de Portugal y Grecia. Desde el final de una brutal dictadura en 1990, la tasa de pobreza de Chile ha descendido de 40 por ciento a menos del 10 por ciento. La inflación permanece constantemente baja y las finanzas públicas se administran bien

Argentina es un fracaso, pero no por las razones que Maduro imagina. Su economía está en recesión, la inflación es superior al 50 por ciento y la tasa de pobreza es mayor al 35 por ciento. Esto no fue causado por el “neoliberalismo” de Macri. Tras heredar un desastre económico en el 2015, cometió errores tácticos y de planeación, entre ellos la indecisión para reducir el déficit fiscal. Sin embargo, los problemas subyacentes son el resultado de décadas de malos manejos, principalmente de gobiernos peronistas, que han conducido a varias suspensiones de pagos, crisis de divisas y alta inflación. A pesar de que en la década de los setenta la riqueza de Argentina era del doble de la de Chile, Argentina ahora es más pobre. Se beneficiaría si actuara un poco más como su vecino neoliberal.

MODELO CHILENO

Este no es un argumento a favor de la complacencia en Chile. El modelo chileno, creado en la década de los setenta por economistas que estudiaron en la Universidad de Chicago, proponía un Estado pequeño y daba un papel importante a los ciudadanos, quienes debían proveer su propia educación y bienestar. El sistema ha evolucionado (por ejemplo, hay más dinero para los estudiantes pobres), pero los chilenos todavía se sienten poco atendidos por el Estado. Ahorran para sus propias pensiones, pero muchos no han contribuido el tiempo suficiente para asegurarse una jubilación tolerable.

Los tiempos de espera en el servicio de salud pública son largos. Así que las personas deben hacer gastos adicionales para recibir atención médica. El acceso a la universidad se ha expandido, pero los estudiantes se gradúan con grandes deudas, solo para descubrir que los mejores trabajos son para las personas con conexiones familiares.

Chile cobra pocos impuestos a los ricos. Los oligopolios se han coludido para fijar los precios en las industrias, desde la de fármacos hasta la avícola. La desigualdad salarial es más baja que el promedio regional, pero es alta para los estándares de los países ricos. Más de un cuarto de los trabajadores tienen empleos informales. Incluso los chilenos de clase media habitan en viviendas hacinadas. Detrás de la rebelión por el alza de las tarifas del transporte, hay un persistente sentido de inequidad.

Gracias a sus finanzas públicas sanas, Chile puede darse el lujo de lidiar con estos reclamos. Piñera planea gastar más en pensiones. Busca acelerar la aprobación de un esquema para cubrir enfermedades catastróficas. Creará un nuevo tramo en el impuesto global complementario del 40 por ciento, 5 puntos más alto que la tasa actual. Pero la reforma necesita ir más allá. Quienes se oponen a los monopolios necesitan luchar contra los oligopolios.

Los chilenos necesitan un sistema de salud más barato y ágil, así como mejores escuelas. El sistema fiscal depende del impuesto al valor agregado para casi la mitad de su recaudación, y el IVA, aunque es eficiente, es regresivo, así que el Estado debería tomar menos o redistribuir más.

FERNÁNDEZ, CON UNA TAREA DIFÍCIL

Fernández, que enfrenta una crisis económica en Argentina, tiene una tarea más difícil. Tendrá que renegociar la deuda (otra vez), mantener una estricta política fiscal y restaurar la confianza en el peso.

No puede aminorar el dolor aumentando el gasto público, pues este ya se ubica en más del 40 por ciento del producto interno bruto, comparado con el 25 por ciento en Chile.

A la larga, Argentina necesitará un Estado más pequeño y un sector privado más competitivo. Mientras Piñera arregla el modelo chileno, Fernández haría bien en emularlo.

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