La complejidad del proceso de evaluación del desempeño docente

El proceso de evaluación y acreditación de las Instituciones de Educación Superior es un proceso amplio y complejo. En él se tienen en cuenta al menos 5 dimensiones fundamentales, de las cuales se desprenden muchos criterios a evaluar. Si bien es importante evaluar cada dimensión a profundidad, evaluar las estrategias, metodologías y técnicas docentes (criterio 2.3.3.), la efectividad del proceso de enseñanza aprendizaje (criterio 2.4.1) y si el cuerpo docente cuenta con calificaciones adecuadas para el desempeño de las actividades planificadas (criterio 3.2.2.), son claves para determinar la calidad de la enseñanza. (ANEAES, 2018).

La mayor parte del proceso enseñanza aprendizaje ocurre en el aula, sea presencial o virtual, siendo el docente el que se relaciona directamente con el estudiante guiando en todo momento este proceso. No se puede afirmar que la calidad educativa depende exclusivamente del docente, ya que influyen muchos otros factores. Sin embargo, el maestro es clave e insustituible en la enseñanza, y puede marcar la diferencia haciendo que esta sea de calidad. En el artículo 41 del Estatuto del Educador se refiere como deber del docente “contribuir en su ámbito al mejoramiento de la calidad de la educación” (Ley N° 1725).

Así también, la Ley de Educación Superior establece en su Artículo 38 que para ejercer la docencia se deberá contar la capacitación pedagógica en educación superior y una notoria capacidad científica, técnica o intelectual, entre otros requisitos (Ley N° 4995). Si bien la formación científica, técnica o intelectual es fundamental para un maestro, no es la única cualidad a ser tenida en cuenta a la hora de evaluar a un maestro.

Por ende, el maestro debe estar comprometido con la calidad de la educación, y como parte de un todo, al hablar de “evaluación y acreditación de Instituciones Educativas” también debe ser evaluado su desempeño, por ser ese agente tan clave en ese ámbito. Lastimosamente, muchas veces, la palabra “evaluación” genera cierta resistencia aun en los propios maestros, pues a veces se cree que dicha evaluación es un cuestionamiento del trabajo que se realiza y no una herramienta para su mejora. Esa creencia y la falta de cultura de este tipo de evaluación llevan a vivirla como una amenaza personal.

Valdés (2004), (citado por Ronquillo Briones, Moreira Basurto, y Verdesoto Velástegui, 2016), define la evaluación del desempeño profesional del docente como:

Proceso sistemático de obtención de datos válidos y fiables, con el objetivo de comprobar y valorar el efecto educativo que produce en los alumnos el despliegue de su activismo pedagógico, sus capacidades y competencias, su disposición para la labor docente educativa, su responsabilidad laboral y la naturaleza de sus relaciones interpersonales con alumnos, padres, directivos, colegas y representantes de las instituciones de la comunidad. (pág. 126).

Para que una evaluación de este tipo no se preste a la subjetividad, existen modelos de evaluación de desempeño docente. En general, los modelos de evaluación de desempeño docente consideran cinco áreas, entre las cuales se pueden mencionar: planificación de las actividades docentes, ejecución de las actividades docentes, evaluación de los aprendizajes, evaluación de la práctica pedagógica, compromiso con el proyecto educativo institucional. (Poblete, Carrasco y Saelzer, 2007, pág. 17).

Todos estos factores o áreas tienen una incidencia directa sobre lo que sucede en el aula, es decir sobre los estudiantes y su proceso de aprendizaje. Por eso creo que si no se analiza la actividad diaria de la clase, difícilmente se puede entender las causas de los resultados de aprendizaje de los estudiantes. Sin embargo, no basta con determinar los problemas y dificultades en la docencia, sino que también “es necesario asociar las propuestas de acción para el mejoramiento, la definición y seguimiento de los mecanismos considerados para elevar los niveles de aprendizaje de los estudiantes” (Poblete, Carrasco y Saelzer, 2007, pág. 6). Por eso, mi opinión es que la evaluación del desempeño resulta de gran valor para determinar y avanzar hacia la calidad de la educación.

Bibliografía

ANEAES (2018) Modelo Nacional de evaluación y acreditación de la Educación Superior. Conceptos Fundamentales. Asunción, Paraguay.

ANEAES (2018) Formato de informe de Autoevaluación. Modelo Nacional de acreditación de la Educación Superior. Asunción, Paraguay.

Ley N° 1.264/1998 Ley General de Educación

Ley Nº 1725 que establece el Estatuto del Educador

Ley N° 4995 de Educación Superior

Martin, E. (2017) La importancia de evaluar la práctica docente. Recuperado de: https://eldiariodelaeducacion.com/2017/03/29/la-importancia-de-evaluar-la-practica-docente/

Poblete, A., Carrasco C. y Saelzer, R. et. al. (2007) Evaluación del desempeño docente y calidad de la docencia universitaria. Centro interuniversitario de desarrollo – CINDA Grupo Operativo de Universidades Chilenas, Fondo de Desarrollo Institucional – MINEDUC. Chile.

Ronquillo Briones, S., Moreira Basurto, C. A., & Verdesoto Velástegui, O. S. (2016). La evaluación docente una propuesta para el cambio en la Facultad de Administración de la universidad ecuatoriana. Revista Universidad y Sociedad [seriada en línea], 8 (2). pp. 125-131. Recuperado de http://rus.ucf.edu.cu/






s.a. (2017) 25 cualidades esenciales de un buen maestro. sm. Recuperado de: http://grupo-sm.com.mx/?q=blog-cualidades-esenciales-de-un-buen-maestro.

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