Formalizar la economía, el gran desafío

Después de casi seis meses de pandemia y cuatro de cuarentena, han quedado en claro muchas cosas. La primera, que el Gobierno actuó rápido y bien para evitar un desastre sanitario, adoptando medidas apropiadas. La segunda, que con sus más y sus menos, los programas de asistencia a los sectores vulnerables pudieron ralentar un tanto la caída en picada de la economía aunque sin evitar quiebras, desempelo y cierre de empresas. Y la tercera, haber dejado expuesta la corrupción galopante que domina al Estado.

A partir de allí se presentan varias tareas ineludibles que le esperan al Gobierno por un lado y al conjunto de la ciudadanía por el otro. El Gobierno ha presentado un plan de reactivación que, como señalábamos ayer, renquea en un punto estratégico: apoyo al sector privado con un programa financiero masivo, a largo plazo y con años de gracia, para lo cual no tiene otra alternativa más que emitir deuda, aprovechando la buena calificación que tiene hoy día el país en los ambientes financieros más exigentes. El mundo entero ha optado por ese camino y no tenemos resto para ser la excepción.

Y el paso quizá mas importante y de largo aliento: emprender un vasto programa de formalización de la economía que hoy roza el 40% de informalidad. Hasta hoy no se ha hecho un intento serio por seducir al cuentapropista y trabajador en negro a incorporarse al sistema, fortalecerlo y recibir a cambio beneficios de los cuales hoy se encuentra al margen.

La idea de convertir la economía sumergida en actividades registradas no ha podido superar hasta hoy del mero discurso vacío y sin compromiso. El choque brutal que está provocando el virus chino nos obliga a salir de la dialéctica y entrar decididamente en el campo de la acción.

No sigamos dilapidando lo que no tiene repuesto: el tiempo.

Comentarios