La crisis económica regional debe impulsar nuevas políticas

Si bien todavía no es posible conocer la profundidad de la crisis económica que se viene a raíz del coronavirus, lo que sí se sabe es que será una de las peores de la historia reciente. La crisis aumentará indefectiblemente los niveles de pobreza en América Latina y, posiblemente, también la desigualdad en todas sus formas. A pesar de las importantes diferencias entre los países de América Latina, no hay duda de que afectará a todos, aunque con fuertes heterogeneidades. Paraguay no será una excepción, por lo que urgen respuestas creativas e innovadoras para enfrentar el problema a nivel nacional, pero con una mirada global, ya que las crisis de los demás países tendrán efecto en el desempeño local.

Un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima una caída del producto de cerca del 5,3% en promedio, pero con países cuya reducción del producto podría superar el 10%. Estas cifras son incluso auspiciosas teniendo en cuenta que el Fondo Monetario internacional (FMI) prevé una caída de más del 9% para la región.

La recesión económica tendrá como una de las consecuencias más importantes el aumento de la pobreza. El organismo calculó que la tasa aumentará este año hasta el 37,3%, con lo que el número de personas en dicha situación pasará de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones este año. La Cepal también alertó sobre un aumento de la desigualdad, lo cual resulta altamente peligroso dado que América Latina ya es la región más desigual del mundo.

Paraguay no está exento de sufrir estas mismas consecuencias y retroceder en los avances de los últimos años, especialmente en el caso de la pobreza, ya que en la reducción de las desigualdades ha sido menos exitoso, lo cual le ubica como uno de los países de peor situación.

Si bien la estimación de caída del producto de Paraguay es baja (-1,5%), hay que recordar que en los últimos años un promedio anual de crecimiento del PIB del 4% casi no tuvo impacto en el empleo y la pobreza, por lo que todavía es necesario esperar a ver qué pasa. Puede que el producto se reduzca poco, pero nos enfrentemos a un aumento de la pobreza y a una fuerte reducción de la clase media.

Hay muchas vías de transmisión de la crisis. Por un lado, el distanciamiento social afectó a ocupaciones de alta concentración de fuerza de trabajo como el comercio, servicios hoteleros, servicios de salud y cuidado, entre otros. Por otro lado, la crisis de los países vecinos afectará el envío de remesas y la migración de retorno, lo que reducirá los ingresos familiares y aumentará el desempleo y la informalidad.

Paraguay no será la excepción debido a sus condiciones propias y al efecto de las relaciones económicas que mantiene con el exterior. Las políticas económicas que requiere el país son mucho más complejas que las que tuvimos hasta ahora. Gran parte de las mismas estaban direccionadas a mantener la estabilidad macroeconómica, lo cual siempre fue insuficiente para llevar el país al desarrollo y será aún más en un contexto de reactivación pospandemia.

El país requiere políticas que reactiven el empleo a corto plazo, pero que a largo plazo contribuyan a cambiar la matriz productiva a una con mayor efecto multiplicador del crecimiento en el mercado laboral, retornos tributarios más altos de quienes se benefician con el crecimiento económico, mejor calidad de los servicios públicos e infraestructura que beneficien a la mayoría y que hagan que nuestra economía sea más inclusiva.

Sin cambios estructurales en la forma de concebir el crecimiento económico no habremos aprendido nada y Paraguay seguirá ubicándose en la cola de los indicadores del desarrollo. Probablemente seguiremos en los primeros lugares como exportadores de bienes de escaso valor agregado, pero en los últimos cuando se evalúen los niveles de desarrollo o bienestar.

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