La seguridad alimentaria en América Latina

En la cumbre mundial sobre la alimentación (Roma, 1996), la FAO definió la seguridad alimentaria como una situación en la cual “todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfacen sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarias para llevar una vida activa y sana”. Según las estimaciones de los expertos, el mundo produce suficientes alimentos para alimentar a toda la población. No obstante, debido a la desigualdad en la distribución del ingreso, no todos pueden acceder a una ingesta suficiente de alimentos. De allí que la dimensión de acceso se haya convertido en un elemento central de las políticas para lograr la seguridad alimentaria.

Lograr la seguridad alimentaria en la región requiere que haya crecimiento económico sostenido en el tiempo porque esto es bueno para reducir la pobreza. Pero también se requiere de reducciones en todas las formas de desigualdades, especialmente en aquella que se relacionan con la distribución de los ingresos. 

La razón es que, si bien es cierto que el crecimiento económico es bueno para reducir la pobreza, el impacto será mayor si paralelamente se están logrando disminuciones en la desigualdad. También debe tenerse en cuenta que el crecimiento económico (aumento del Producto Interno Bruto (PIB) por habitante) está correlacionado positivamente con aumentos de la ingesta de energía alimentaria y de nutrientes, pero si ese crecimiento se acompaña de reducciones en la desigualdad en la distribución del ingreso, muchas más familias pobres se beneficiarán de ese crecimiento, y en consecuencia podrán mejorar su acceso a una alimentación suficiente para el logro de la seguridad alimentaria

Actualmente, el mundo, y especialmente América Latina, está sufriendo los impactos de la pandemia Covid-19. Esta tendrá, ya tiene, impactos negativos sobre la pobreza y la desigualdad en la región más desigual del planeta. Según la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), se espera en 2020 una fuerte disminución del empleo (8,1%) y del producto interno bruto (PIB) de 9,1%. 

También aumentará la pobreza (7 puntos porcentuales, 45 millones de personas) y la desigualdad crecerá (hasta más de 3 puntos porcentuales del índice de Gini, la medida más usada de la desigualdad). Estos resultados deben obligar a los gobiernos a tomar las previsiones en materia de políticas públicas para evitar un retroceso en materia de seguridad alimentaria, a la par de los aumentos previstos en las tasas de pobreza y en la desigualdad. De allí que los esfuerzos de las políticas públicas deberán centrarse en el diseño de programas de atención nutricional y de ayuda alimentaria para los sectores más pobres. Igualmente, los gobiernos deberán facilitar la continuidad en la producción y distribución de alimentos, en un contexto en que la pandemia impone restricciones para la movilidad de las personas. El financiamiento de estos programas requiere de la cooperación de los países más ricos y de los organismos multilaterales. La solidaridad mundial debe hacerse presente para evitar que la inseguridad alimentaria y la desnutrición aumenten en los países pobres y en América Latina.


Fuente:https://www.cesla.com/detalle-noticias-de-latinoamerica.php?Id=16765

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